En esta entrevista, recordamos los detalles de una de las catástrofes más devastadoras del siglo XX en Necochea y Quequén, que dejó un impacto duradero en la ciudad y sus habitantes.

La historia detrás de la inundación

El 20 de abril de 1980, comenzaron las lluvias sobre gran parte del territorio de la provincia de Buenos Aires, afectando severamente a nuestra ciudad. En un corto período de tiempo, Necochea registró una caída de 100 milímetros de agua en apenas 48 horas, lo que llevó a una catástrofe hídrica sin precedentes en la historia de la región.

La fuerza de la naturaleza

A medida que el frente de tormenta avanzaba, el caudal del Río Quequén Grande empezó a recibir los excesos de toda la cuenca superior, avanzando río abajo con una fuerza inusitada. La ciudad se encontró en la mira de la naturaleza, y la evacuación de 200 personas de las primeras jornadas se convirtió en un número mucho mayor a medida que la crisis empeoraba.

La caída de los puentes

El 29 de abril de 1980, la ciudad vio caer sus conexiones vitales. El Puente Negro, el Ferroviario y el emblemático Puente Ezcurra sucumbieron ante la presión de la corriente. La ciudad quedó fracturada, y la cifra de evacuados ya ascendía a 600 personas.

El caos en el puerto

El puerto fue escenario de un caos naval sin precedentes. La corriente cortó amarras y arrastró embarcaciones de gran porte como si fueran de papel. Entre ellas, el “Caribea”, el “Pesquera III”, el “Anna C” y otros buques sufrieron daños estructurales graves.

Un regreso lento a la calma

Recién el 1º de mayo de 1980, el nivel del agua comenzó a ceder de manera perceptible. Sin embargo, la ciudad que emergió del lodo ya no era la misma, y la pérdida de los puentes quedó grabada en la memoria colectiva como la prueba máxima de la potencia de la naturaleza frente a la planificación humana.

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