El deporte local es ricos en historias de triunfo y superación. Una de ellas es la historia de Luz y Fuerza, que se consagró campeón de la Liga Nacional de vóley en 1998.
Un equipo armado con convicción
El plantel campeón se construyó sobre la base del equipo que había sido protagonista en la temporada anterior, sumando refuerzos juveniles de selección y dos apuestas extranjeras que terminaron siendo decisivas. El entrenador y los futbolistas remembran la gesta con orgullo.
Partidos que marcaron el camino
La campaña tuvo momentos bisagra. Uno de ellos fue en San Juan, ante miles de espectadores y en un clima hostil donde incluso llegaron a cortar la luz para frenar el partido. También hubo batallas clave en Mendoza y viajes complejos que fortalecieron al grupo.
La final inolvidable ante Ferro
La serie decisiva frente a Ferrocarril Oeste fue el reflejo perfecto del espíritu del equipo. En Caballito, Luz y Fuerza estuvo al borde de la derrota: perdía 2-0, hasta que una charla intensa del entrenador cambió el rumbo del partido. El equipo reaccionó, lo dio vuelta 3-2 y dejó golpeado a un rival lleno de figuras.
Sacrificio, viajes y una ciudad detrás
El título no fue solo deportivo. Detrás hubo viajes caóticos, noches sin hotel, traslados en subte para llegar a tiempo a los partidos y hasta deudas en viáticos que se resolvían con esfuerzo dirigencial. Sin embargo, todo eso se transformó en combustible para el equipo.
Un legado que sigue vivo
El campeonato le permitió a Luz y Fuerza disputar un Sudamericano, donde consiguió una medalla de bronce, consolidando el impacto de aquella generación. Pero más allá de los resultados, el legado quedó en la identidad.
