Hace unos días, los empresarios, sindicalistas y referentes del sector inmobiliario coincidieron en que la actividad económica de Necochea se encuentra en uno de sus momentos más complejos en las últimas décadas.

En el centro y en los principales corredores comerciales, se puede ver un cambio brusco en la dinámica urbana, especialmente durante la semana.

En este escenario, muchos comercios se ven obligados a reconvertirse para subsistir debido a la caída del consumo y las transformaciones estructurales, como el avance de las plataformas digitales.

El impacto de la crisis económica golpea de lleno al empleo, ya que los locales que cierran no están siendo reemplazados, lo que marca un retroceso en la generación de trabajo.

Según José Larraburu, secretario general del Sindicato de Empleados de Comercio, los comercios que cierran no están siendo reemplazados, lo que marca un retroceso en la generación de trabajo.

La crisis económica también se refleja en el mercado inmobiliario, que exhibe signos de parálisis con locales vacíos durante meses y alquileres que quedaron fuera de escala frente a la caída del turismo y el aumento de tarifas.

En algunos rubros, como la gastronomía, los costos de servicios ya superan el valor del alquiler.

El trasfondo es claro: la pérdida del poder adquisitivo impacta de lleno en el consumo, lo que deja sin margen a la actividad comercial.

El dato no es menor en clave regional, ya que Tandil, muchas veces puesta como ejemplo por sectores de la oposición necochense, enfrenta hoy problemas similares, o incluso más profundos, que otras ciudades del interior bonaerense.

El cuadro se completa con la falta de obra pública, la incertidumbre económica y la necesidad de reglas claras que permitan sostener la actividad.

Los actores locales coinciden en un punto: sin recuperación del consumo y sin previsibilidad, el comercio tradicional seguirá en retroceso.

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